jueves, 28 de abril de 2011

UN ESPECTACULO INSOLITO - 05/2005

Ya empezaba a ser urgente que llegara a un lugar civilizado, donde pudiera sentarme y gozar de una comida caliente. Se acercaban las 2 de la tarde, llevaba caminando desde las 8 de la mañana y solo había tomado un cafe con leche y un bocadillo. Y eso es poco para un cuerpo al que se le exigía caminar 30
Kms.diarios .

Iba atravesando un bosque, donde predominaban los verdes suaves, de hojas renovadas y amarillos viejos, de hojas que se resistían a desaparecer en la nada de la alfombra parda  que tapizaba el sendero. A la salida de una curva de la senda, vi aparecer las primeras casas que anunciaban la llegada a un lugar habitado. Era una aldea, de las que abundan en esta zona del país, de piedra gris y tejados negros, de pizarra, o rojos, si son de teja; con contraventanas oscuras y puertas labradas, recias, macizas, capaces de detener las blancas ventistas invernales.

Parecía deshabitada, no se veía un alma, mientras cruzaba por las encimentadas y grisáceas calles, pero olía a puchero contundente, me hacía alzar la cara para percibir mejor de donde venía el bendito aroma. Al torcer una esquina desemboqué en una plazuela: alli estaba el rótulo en madera rústica que  daba la bienvenida y me anunciaba que había llegado la hora de reponer fuerzas.

Una vez cumplidamente satisfechas, y reposadas, decidí que era hora de atacar el último tramo que me faltaba para llegar al lugar donde tenia previsto pernoctar. La salida de la aldea suponía afrontar un fuerte repecho y que se extendía por unos 500 mts. En ese corto trecho se oscurecieron los cielos, cayo una fuerte chubascada que me hizo perder el aliento para llegar al final de la empinada cuesta y refugiarme en un mirador. Mientras me reponía del esfuerzo, vi que el lugar permitía asomarse a una pequeña y estrecha cala, de arenas casi blancas, donde el mar venía a dormir con zapatillas, pantalones verdes y blusón azul oscuro. En ese momento se me ofreció uno de los espectáculos más bonitos que la naturaleza puede ofrecer: por debajo de donde yo me hallaba, comunicando las dos orillas de los negros acantilados que formaban la cala, se estaba dibujando un arco iris.

No hay comentarios:

Publicar un comentario