Acabo de leer la novela de Jesús Torbado. Confieso que al principio no me atrajo. Sus descripciones, tanto de los personajes como de los lugares, me parecieron ya conocidas, y hasta que no llegue al capítulo 3 no empezó a interesarme. No es la primera vez que me pasa con otras temáticas, atribuyéndolo a que los inicios suelen ser bastante comunes, y solo cuando empiezan a desarrollarse las peripecias personales, es cuando el autor tiene la oportunidad de encontrar la complicidad del lector. En mi caso, después de haber realizado varios Caminos y haber leído algún otro libro con la misma temática, mi cerebro no puede evitar el considerar como música conocida, los primeros compases del libro.
Una vez hecha esta aclaración, manifiesto mi satisfacción una vez alcanzado el final del libro, con un sorprendente final, que queda escondido a lo largo de las varias vicisitudes por las que pasa el protagonista, no ajenas a su condición de peregrino.
Es un relato circular, al mismo tiempo que transversal, ya que en su caminar va atravesando las vidas y circunstancias de personajes de la época, al tiempo que asistimos a su propio desarrollo personal.
Esta lleno de reflexiones que tienen que ver tanto con la religión en cuanto a hecho social, como políticas y humanisticas, hasta el punto que en ocasiones lleva al lector a establecer comparaciones con la realidad actual, sorprendiéndole lo poco que han cambiado las luchas por el poder y los frágiles equilibrios en el que se sustenta. Se puede tener la tentación de pensar que dado que quien lo escribe es un autor actual, estará contaminado con las creencias actuales. Rápidamente es alejada a nada que haya leído la Hª de España de la época a que se hace referencia.
Otro tesoro que anida en sus paginas es el riquísimo vocabulario que utiliza el autor. Abundan palabras cuyo uso y significado se han perdido, siendo necesario recurrir al diccionario, y que al lector le resultan bellísimas. Hasta el aficionado a la gastronomía puede encontrar pistas para condimentar y preparar platos de la cocina más tradicional.
En suma, es un libro sumamente recomendable sobre todo para aquellos aficionados a transitar por los Caminos Jacobeos y a tratar con sus gentes. En ese caminar queda claro que la tecnología no puede, ni podrá, con el espíritu enriquecedor de la comunicación física, fuente de todas las emociones.
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