Agustín, desde la barra, me saluda con un "Buenos días", al que correspondo.
-¿Lo mismo?, me pregunta. Si, si, digo yo mientras investigo con la mirada donde esta el periódico.
-Menos mal, me digo, esta libre...hoy no se me han adelantado.
Lo cojo y empiezo a ojearlo, como siempre, por el final. Leo las entrevistas y los artículos escondidos, humildes, no merecedores de las primeras páginas, pero con un mayor contenido humano que esos otros más largos e importantes. Les acompañan las reseñas de los programas de cine y televisión, los pasatiempos, etc. Separando todo ese mundo cultural del caos de las informaciones "serias", esta la calle de los anuncios. Es una inmensa avenida en la cual, la actividad humana deja su huella; por ella fluyen los más variopintos personajes. Aquí se venden pisos, mobiliarios, pájaros , prostitutas...Pasa raudo el autobús "Sin empleo", lleno hasta los topes, por sus ventanas asoman ojos abiertos buscando oportunidades escondidas o inexistentes... bocas abiertas, gritando los estómagos su vaciedad....brazos extendidos buscando asideros donde fijar una vida estable.
De puntillas cruzo esa Babel infernal, a través de huellas cuadriculadas que pretenden llamar una efímera atención diaria, adentrándome por los callejones de lo Internacional - ¡qué bochorno da asomarse!
Lo evito, encuentro, menos mal, las Cartas al Director y me consuelo comprobando que no soy una excepción, un bicho raro. Veo que otros piensan, se indignan como yo, solo que tienen la valentía de manifestarlo.
No sigo, acabo mi café, prometiéndome una vez más, que tengo que publicar mi queja al Ayuntamiento por lo abandonada que tiene la ciudad. Y no son los recortes, son 30 años de parcheos, despilfarros y especulaciones lo que la tienen sucia y decadente. Será un grito efímero y perdido en cualquier cesto de los papeles, que un día puede llamarse urna.